La práctica sexual extrema que amenaza vidas y puede acabar en tragedia, advierten médicos
Únete al canal de Whatsapp de WapaEn los últimos años, se ha observado un incremento en la adopción de prácticas sexuales consideradas extremas, en las que el deseo de experimentar sensaciones intensas se combina con el uso de sustancias y técnicas de alto riesgo. Médicos y especialistas en salud sexual señalan que, aunque estas conductas pueden ofrecer un placer momentáneo, su exposición prolongada puede desembocar en consecuencias devastadoras para la salud.

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Riesgos físicos alarmantes
Entre los peligros más citados por la comunidad médica se encuentra la vulnerabilidad a infecciones de transmisión sexual (ITS) y complicaciones derivadas de procedimientos de alto riesgo, como el fisting o la introducción de objetos en zonas sensibles sin las debidas precauciones. El uso de sustancias para potenciar el deseo sexual, especialmente en contextos de chemsex, puede disminuir la percepción del riesgo, llevando a decisiones que incrementan la posibilidad de sufrir lesiones graves, infecciones y, en casos extremos, la muerte por sobredosis o complicaciones asociadas.
Impacto en la salud mental
No solo la integridad física se ve comprometida; el impacto en la salud mental es igualmente preocupante. La dependencia a sustancias y la exposición a prácticas sexuales extremas pueden desencadenar episodios de ansiedad, depresión y trastornos psicóticos. Expertos destacan que el deterioro emocional y la pérdida del autocontrol pueden aislar a los individuos, afectando tanto sus relaciones personales como su capacidad para enfrentar situaciones cotidianas, lo que en algunos casos ha desembocado en intentos suicidas y tragedias irreparables.
El rol del chemsex en la escalada de riesgos
Una de las tendencias más preocupantes es el chemsex, que consiste en consumir drogas específicas durante encuentros sexuales prolongados. Este fenómeno, inicialmente asociado a ciertos colectivos, se ha expandido y presenta altos índices de complicaciones. La combinación de sustancias como mefedrona, metanfetaminas o GHB, con prácticas sexuales intensas, no solo aumenta el riesgo de contraer ITS, sino que también contribuye a la desregulación emocional y a la dependencia, creando un ciclo peligroso difícil de romper.

Voces de alerta en el ámbito sanitario

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Diversos profesionales de la salud han manifestado su preocupación ante el auge de estas prácticas. "La búsqueda de sensaciones extremas puede llevar a una espiral de autodestrucción, donde la desinhibición y el consumo de sustancias comprometen seriamente la capacidad de tomar decisiones seguras", afirma el Dr. Carlos Méndez, especialista en medicina interna. Asimismo, informes recientes de sociedades médicas internacionales destacan la urgencia de implementar programas de prevención y apoyo que aborden tanto los riesgos físicos como los emocionales asociados a estas conductas.
Hacia una mayor conciencia y prevención
Ante este panorama, la comunidad médica insta a una mayor difusión de información sobre los riesgos asociados a las prácticas sexuales extremas. Se enfatiza la necesidad de intervenciones tempranas, asesoramiento psicológico y campañas de concientización dirigidas a grupos vulnerables. La educación y el acceso a servicios de salud especializados son fundamentales para reducir la incidencia de complicaciones y prevenir tragedias derivadas de estas conductas.
En resumen, aunque la exploración de la sexualidad es un aspecto natural de la vida, la práctica extrema sin las debidas medidas de seguridad puede tener consecuencias trágicas. Los expertos recalcan que la prevención, la información y el apoyo profesional son claves para proteger la salud integral de quienes se enfrentan a estos desafíos.